Resumen
Desde los últimos años del siglo XVI la labor evangelizadora, llevada a cabo por los misioneros franciscanos fue, sin duda alguna, un factor que impulsó a los colonos españoles y novohispanos a conquistar el Nuevo México. La existencia de importantes núcleos de población indígena sedentaria en ambas márgenes del río Bravo permitió la continuación de los trabajos misionalesde una forma semejante de cómose hizo en el centro de la Nueva España, de manera que aquella lejana región norteña se convirtió en la tierra prometida para los misioneros desde principios del siglo XVII. La corona dio entonces un gran impulso a la exploración, evangelización y poblamiento para que se estableciera un dominio real de esa zona.